El medicamento R-2001.

En las investigaciones sobre el fármaco R-2001 se avanzaba de forma espectacular. El científico García había conseguido aislar un virus causante de la muerte de muchas personas con problemas respiratorios, debidos a la contaminación de las grandes ciudades y centros industriales.   Hasta ahora había experimentado con animales con resultados positivos, pero faltaba probarlo con seres humanos. En su hospital tenía unos cuantos pacientes con esa enfermedad respiratoria. Probar el fármaco R-2001 con los pacientes podía representar un progreso clave en su investigación, pero existía el riesgo de que el fármaco no funcionase y provocara graves complicaciones, e incluso la muerte, a las personas con las que experimentada. Por otro lado, si eso le permitía mejorar de manera definitiva el fármaco, a la larga el R-2001 salvaría vidas de futuros pacientes.

Los medios y los fines.

Cada día realizamos miles de acciones. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, nos proponemos unas finalidades (llegar al instituto) y utilizamos unos medios (caminar o subir a la guagua). La relación entre medios y fines debe estar equilibrada. Si no ponemos los medios suficientes (por ejemplo, estudiar dos horas diarias) no podemos conseguir el fin propuesto (por ejemplo, aprobar 4º de ESO). Por lo tanto hay que utilizar la razón, nuestra capacidad de reflexionar, para establecer un equilibrio entre el medio y el fin.
A la hora de elegir una finalidad de mi acción, hay que pensar en tres aspectos:
  1. El valor ético y la racionalidad de la finalidad u objetivo que me propongo.
  2. Las consecuencias de mi acción.
  3. La racionalidad y el valor ético de los medios que utilizo.

1. Es evidente que no todas las acciones humanas son igual de coherentes ni tienen el mismo valor ético y la misma racionalidad. Por lo tanto no es suficiente proponerse una finalidad para llevar a cabo una acción, sino que hay que valorarla. Cada uno puede tener unos valores morales diferentes y entonces su labor consistirá en comparar la finalidad de su acción con sus principios éticos. Si no entran en conflicto, ¡adelante! De lo contrario, hay que pensárselo y posiblemente cambiar de finalidad. Pero también habrá que valorar la racionalidad del objetivo. Un objetivo irracional hay que desestimarlo y cambiarlo por otro racional.
2. Una vez fijado el fin de manera racional y coherentemente con los principios éticos de cada uno, hay que valorar las consecuencias de la acción. O sea, hay que analizar las repercusiones, positivas y negativas, que tendrá esa acción, tanto para mí como para los demás. Y también analizar sus consecuencias inmediatas. Si me propongo estudiar mucho y dejar de hacer una actividad deportiva, habrá que valorar los beneficios: sacar mejores notas, estar más satisfecho de mí mismo, y los inconvenientes: no poder salir tanto con los amigos, dejar de hacer actividades deportivas u otras. Y no sólo a corto plazo, durante el año escolar, sino también a largo plazo, por ejemplo en los tres o cuatro años siguientes.
3. Para conseguir mi finalidad necesitaré unos medios. En el ejemplo anterior, para poder estudiar necesitaré tiempo, libros, etc. La elección de los medios también necesita de un análisis que se base en el siguiente dilema: ¿Los medios son racionales y éticamente coherentes con mis valores o, aunque los medios vayan en contra de mis principios éticos o sean irracionales, la finalidad es superior a esta situación y, por lo tanto, en nombre de la finalidad utilizo los medios irracionales e incoherentes éticamente? Este es el conflicto del doctor García. Frente a este dilema los filósofos y pensadores han defendido las dos posturas. Para algunos lo más importante es la validez de los fines y, por lo tanto, los medios son secundarios, y para otros los medios nunca justifican los fines, por muy dignos que sean. Un pensador del Renacimiento, Maquiavelo, afirma que la finalidad de un príncipe es mantener el poder y que puede utilizar los medios que quiera como traicionar a los amigos, condenar a muerte a los opositores, etc. Así pues, para él el fin (el poder) justifica los medios (muerte, traición). En cambio otros, como Kant, afirman que el hombre es un fin en sí mismo y que nunca se puede utilizar como medio, y por lo tanto justificar un medio irracional en nombre de una finalidad positiva no es aceptable. En situaciones extremas se crean conflictos de este tipo. Por ejemplo la policía que pega a los ciudadanos o un padre que pega a sus hijos (medios) para conseguir la paz o una buena educación del ciudadano o del hijo (finalidad). O los soldados suicidas, que mueren al hacer explotar una bomba contra un objetivo militar. El medio es la vida para una finalidad: ganar una guerra o liberarse de unos opresores. Y en caso contrario, no se utiliza un medio ( mentir a un enfermo terminal) porque se considera que la finalidad ( no angustiar al enfermo) no justifica la mentira.